Surlink: Es tiempo de reconocer la dolorosa deuda con el Williche

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Imagen: Surlink

Eugenio Alcamán, antropólogo de Temuco que residió y trabajó algunos años en Osorno –fines de los 80 y comienzos de los 90-, sorprende nuevamente a quienes buscan conocer la historia regional más allá de los textos unilaterales, centralistas y hasta chovinistas con que se formaron generaciones de chilenos del sur, presentando una nueva obra fruto de su dedicación al estudio y a la investigación sistemática acerca de la historia del pueblo mapuche williche y que, seguramente, va a provocar controversia y hasta malestar en la, a veces, conservadora sociedad osornina.

A años de aquel trabajo suyo que develó la otra faceta que tuvo el repoblamiento de la ciudad de Osorno a fines del siglo XVIII -que dejó al descubierto la dinámica interna de la sociedad williche de la época que finalmente contribuyó a “reabrir” esta región para el regreso del español codicioso, y del mestizaje criado bajo su amparo y control cultural-, Alcamán nos lleva ahora a escenarios más cercanos a nuestros tiempos, aunque talvez tanto más trágicos para el williche; porque ahora ya no serán españoles, sino que serán alemanes y sus descendientes directos -bajo el pretexto de incorporar la zona al desarrollo, a la civilización moderna, y con la complicidad del Estado republicano- los que despojarán, humillarán y hasta asesinarán al tranquilo y ya sometido campesino indígena, que aún creía ser el heredero legítimo y natural de las tierras de sus ancestros.

Se trata –lo que ahora nos muestra el investigador- de un periodo trágico y oscuro, olvidado en la enseñanza oficial, que va desde el año 1793 hasta 1936, que afectó fundamentalmente a la actual Provincia de Osorno, que trocó en infelicidad la vida de generaciones de personas y familias pertenecientes al pueblo originario mientras enriquecía a los recién llegados y los “legitimaba” como amos de la zona, pero que permaneció en el olvido casi absoluto, prevaleciendo otra “verdad”: lo bueno, visionarios y gentiles que fueron los alemanes.

Tal vez en la memoria colectiva de los descendientes de mapuche williches estuvo siempre esta información y por eso el recelo y la desconfianza con que suele relacionarse aún actualmente con este tipo de “huinka” en la zona. Lo cierto es que ahora está información, debidamente documentada, estará a disposición de las actuales y nuevas generaciones de mapuche williche y también del conjunto de la sociedad, los descendientes de alemanes entre ellos.

Si va a contribuir a reabrir heridas está por verse, al igual que acerca de los efectos que tendrá en la sociedad osornina actual. Pero a eso responde el antropólogo en una entrevista que le hiciera SURLINK, que se incluye más abajo.

EL LIBRO

En una jornada sorprendentemente concurrida de público, mujeres, jóvenes, sobre todo, todos muy interesados en lo que se habló casi por espacio de tres horas, en el otrora Fuerte Reina Luisa de Osorno, Alcamán presentó este miércoles su obra: “Memoriales mapuche williches, territorios indígenas y propiedad particular 1793-1936”.

El crédito de la jornada pertenece, por cierto, al Instituto de Cultura, Ciencia y Tecnología Mapuche-Williche (ICCTMW); al Programa de Estudios y Documentación en Ciencias Humanas – Universidad de Los Lagos (PEDCH); y al portal de Internet www.elojo.cl

Como lo comentara en la ocasión el doctor en Historia, Patrick Puigmal -director del Magíster en Ciencias Humanas, mención en Historia; director del Programa de Estudios y Documentación en Ciencias Humanas, Universidad de Los Lagos-, lo que salta a los ojos respecto de este libro, de los memoriales que el autor recopiló en años de arduo trabajo, es que “estamos frente a una denuncia constante de abusos y colonizadores (…) pero no solamente de los colonizadores, también los gobiernos, o los agentes de esos gobiernos (…) en materia de propiedad y de ocupación de las tierras”.

“Pero lo memoriales –puntualizó el académico- representan mucho más que eso (…) hay muchísimas cosas que sacar de sus textos (…) constituyen el reflejo de una sociedad, de sus creencias, de sus temores y certezas frente al otro; también de su franqueza y realismo, cuando (varios caciques) escriben por ejemplo en el primer memorial de 1894: ´somos por costumbre generosos, hospitalarios, sencillos, ingenuos y francos; y estas cualidades que debe tener todo hombre han servido para reducirnos a un estado que nadie se pudiera imaginar´.

“Son, primero y de manera mucho más dura, el reflejo de la violencia legalmente posibilitada que condujo al despojo casi total de los williche de la zona. Constituyen, por otro lado, reacciones (…) el memorial es una respuesta, una denuncia que llega después del terror (…) “significa conciencia y capacidad de reaccionar”, señaló el académico.

Lo anterior, porque hasta ahora se había creído que el indígena había asumido servilmente su condición de discriminado y paria en aquellos tiempos, pero ahora se devela en esta obra que los caciques de Osorno se juntaron, analizaron y tomaron acuerdos plasmándolos en documentos: los memoriales; los cuales llevaron personalmente al gobierno central en Santiago –con grandes sacrificios- descalzos, cabalgando por espacio de meses. Ellos sí hicieron gestión, no hicieron la guerra porque no tenían cómo… y más bien inventaron las movilizaciones pacíficas…

A mayor abundamiento, Alcaman explicó que el memorial es una relación de hechos que terminan con una petición a las autoridades. “Tienen el valor de dar a conocer cuál es la opinión que tienen los caciques con respecto a lo que se está viviendo en la época. Los caciques no presentan situaciones personales, sino que dan cuenta de la situación que en esos momentos están pasando las comunidades a las cuales ellos representan”.

Un punto no menos impactante es la diferencia con que la prensa de la época trata los hechos. Con arreglo a la investigación realizada por el antropólogo, la prensa local de las primeras décadas del siglo XX, representada por los ex diarios LA PRENSA y EL PROGRESO, solía dedicar una columna de 5 líneas a un hecho, como lo fue la matanza de Forrahue a comienzos de la segunda década del siglo pasado; en cambio los diarios de Santiago dedicaban media o página completa tamaño mercurio a los mismos sucesos. ¿Cuál fue la razón? Que los diarios locales eran propiedad de grandes terratenientes de la zona. Por tanto “hubo un propósito deliberado de ocultar lo que estaba pasando, cosa que no pasó en Santiago (…) no solamente para el caso de la matanza de Forrahue sino también en otros casos se mandaban corresponsales”.

AUTORIDAD INTELECTUAL DEL AUTOR

Gabriel Peralta –conocido investigador osornino de la historia regional y Conservador del Museo Histórico de Osorno- avala la autoridad intelectual de Alcaman para tratar estos complejos temas; es –dice- “uno de los principales investigadores de la historia del pueblo mapuche williche en la región centro sur; lo conozco hace varios años y se que es un hombre muy responsable, muy dedicado, muy estudioso de lo que son las fuentes primarias, de contrastar una serie de documentación; vale decir, lo que él al final entrega como resultado de su trabajo es un trabajo científico que, obviamente, está sujeto a varias interpretaciones que puede dar el lector”.

“Pero lo que es indiscutible –subraya el docente- es que es un trabajo serio, muy bien documentado, y que en ese sentido vale la pena tenerlo en cuenta, difundirlo, para que la gente conozca más la historia. Y sobre todo para nosotros los investigadores, a la gente que le interesa el tema en detalle, puede servirle como un documento de apoyo para seguir realizando mayores investigaciones”.

LOS DESCENDIENTES DE ALEMANES DEBEN RECONOCER QUE ESTO SUCEDIÓ

Conversando con SURLINK, el antropólogo Eugenio Alcaman no teme a los efectos que su obra pudiera traer aparejados en la actual sociedad osornina y regional.

De si a la larga reabrirá antiguas heridas, o contribuirá realmente a un mayor y mejor conocimiento de la historia regional, como más de alguien lo ha señalado, el autor comenta:

“Yo le he dado vuelta muchas veces a eso que me estás preguntando. Mira, aquí en la región se ha construido toda una imagen sobre la colonización alemana y se ha construido toda una mitología de la colonización alemana que los ha colocado a ellos como los pioneros del desarrollo de la región, que si ellos no hubiesen llegado aquí esta región hubiera continuado viviendo en el atraso. Esa es una apreciación que ya se tiene desde el momento que a mediados del siglo XIX llegan aquí los alemanes y que todavía perdura (…) La bibliografía, los libros que se han escrito sobre la colonización alemana aquí en la región hechos, por historiadores autodidactas de la región, son muchísimos y todos muestran eso”.

“Pero en mi opinión se oculta algo –agrega-, que es la realidad, la historia de los mapuche williches, que vivieron la otra parte de la historia; la colonización alemana fue impulsada por el Estado, con beneficios de subsidios para los alemanes para que se instalaran acá; fueron traídos desde Alemania por el Estado y la colonización alemana fue la que indirectamente causó o promovió la especulación y la acumulación de la tierra por parte de particulares, para revendérsela a los colonos alemanes posteriormente. Y en una segunda fase, los colonos iniciaron la colonización privada especialmente de la provincia de Osorno, una colonización privada que consistía en apropiarse tanto de las tierras fiscales como de las tierras de indígenas”.

Refiriéndose a su libro, explica que “la mayoría de las denuncias que aparecen por parte de los caciques, incluso los documentos que llamo “memoriales”, que fueron dirigidos al gobierno, nombra a los colonos alemanes; los mencionan como colonos alemanes, y en varios casos los individualizan a ellos como los responsables del desalojo de sus tierras”.

“Entonces, finalmente el libro trata de reconstruir una parte de la historia que de manera violenta se ha querido ocultar, se ha querido negar, se ha querido desconocer, como consecuencia de lo cual ha traído el desconocimiento, el desinterés por una parte de una comunidad humana que ha vivido históricamente en esta región, que son los mapuche williches”.

“La historia de la región es una historia que está regada de sangre, de muertes, de gente que fue lanzada con todos sus enseres al camino público, y esa historia es necesario que, aunque dolorosa, la gente debe conocer. Lo peor que se puede hacer es ocultar esa historia y el Estado debe buscar una forma en cómo reparar las injusticias que se cometieron con las comunidades williches, porque finalmente fue el Estado el que por omisión o negligencia permitió que eso ocurriera: el desalojo, el despojo”, señala Alcaman.

-¿Cree que su texto va a alimentar la rebeldía del pueblo williche actual en la zona?

-“Yo creo que el libro va a contribuir a que la gente tome conciencia de lo que pasó, porque las generaciones actuales, en mi opinión, no saben lo que pasó anteriormente y no saben, porque las generaciones que vivieron eso lo callaron para no transmitir el sufrimiento a sus hijos, a sus descendientes. El libro, obviamente que va a traer un remezón en la gente, especialmente en los jóvenes, pero esa no es responsabilidad de los jóvenes. Lo que pasó aquí es responsabilidad del Estado”.

-A su juicio ¿cómo deberían reaccionar frente a este tipo de información que se entrega a la sociedad actual, los descendientes de esos colonos alemanes, que hoy son nietos, bisnietos e incluso tataranietos, o más? Ellos, directamente, no han tenido responsabilidad en esos nefastos sucesos…

-“Yo creo que en una situación de conflicto, porque aquí hubo un conflicto, y fue un conflicto étnico porque a los mapuches williches se les ocasionó todo ese perjuicio por razones racistas, porque consideraban que los indios no tenían derecho a la tierra, que eran una cultural inferior, bárbara, que no producía para el desarrollo y la modernización del país, las generaciones actuales de descendientes de alemanes, en mi opinión, tienen que reconocer lo que pasó aquí en la región; reconocer que aquí hubo intolerancia, que aquí hubo racismo, y que hay que hacerse cargo tal como los alemanes de hoy día en Alemania reconocen las atrocidades y se averguenzan de las atrocidades que cometieron las tropas de Hitler».


DON ANTONIO ALCAFUZ -izquierda-, Cacique Mayor del Butawillimapu, agradeció emocionado el aporte del antropólogo Eugenio Alcaman y recibió de parte del autor una partida de ejemplares del libro, cuyo lanzamiento tuvo lugar en la Sala Fuerte Reina Luisa de Osorno.
Imagen: Surlink

Fuente: Surlink (18.11.2010)

Tamün srakisuam
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