Palabra Quebrada (Pablo Andrade Paillalef)

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Fotografía: elvacanudo.cl

La palabra recuperación genera expectativas muy interesantes, y si observamos detenidamente a quienes la emiten y reciben, notaremos mayor convicción a partir del recurso discursivo relacionado con la memoria histórica -herramienta ampliamente difundida y reconocida en los territorios- lográndose entender la particularidad de cada conflicto y las dificultades propias al interior de las diferentes organizaciones mapuche, al contrario de las divergentes e inconexas difusiones que emergen desde la comunicación social masiva, que se ve marcada y sostenida por la desinteresada correspondencia[1] entre el Estado chileno y en este caso los mapuche williche[2].

Las evidencias históricas de usurpación, despojo, atropellos e innumerables acciones violentas injustificadas que impresiona conocerlas en voz de los propios afectados, justifican y amparan los actuales discursos de la dirigencia mapuche, donde resaltan innumerables peticiones reivindicativas, con la idea de recuperar lugares y espacios que son y serán propiedad de las familias mapuche[3]. En la condición actual, suman esfuerzos distintos sectores sociales vinculados al tema, poniendo en relieve estos antecedentes, apoyando una causa que vuelca sus intereses bajo el objetivo asociado al desarrollo con identidad, poniendo énfasis en razones valóricas circunstanciales que predica el actual modo[4] político local, regional y nacional, es decir, con respeto, equidad, y un reconocimiento especial a los pueblos indígenas. Sin embargo, la distancia- comunicativa o bien la política aplicada- se hace notar cuando ocurre lo contrario, y las demandas son desechadas y consideradas innecesarias para el desarrollo que favorece a la mayoría.

Si notamos que los discursos de las autoridades o “representantes” políticos- alcaldes, senadores, diputados, etc. – describen pronunciando palabras relacionando la demanda ciudadana y sus necesidades, conduciendo supuestas soluciones “democráticas”, proporcionando tranquilidad, porque son éstas personas elegidas para luchar por el equilibrio social, cultural, económico, civilidad en la que somos parte integrante, o por lo menos partícipes. Sin embargo, como ironía despiadada, observamos- y hasta aceptamos- el incumplimiento de las promesas y sus discursos, debido generalmente a los intereses personales, evidencia demostrable si buscamos conexiones en sus propios negocios, interfiriendo en la toma de decisiones, desconfigurando el argumento de autoridad competente, que en algún momento expuso con tanta vehemencia, seguridad y garantía. Ante esta obstrucción, adquiere relevancia en los conflictos mapuche, y los específicamente los mapuche williche, una desarticulación que divide al territorio- futawillimapu[5]- en fragmentos de oposición y de sumisión. Esta situación tiene asimilada a las comunidades y familias en disputas por acceder o resistir a la ventajosa ayuda o asistencialismo social crónico, el cual sin dar motivos se articula como parte de un proceso que confecciona el Estado chileno, y que cada gobierno dedica sin prospectivas profundas para la mantención del sistema social, y asimismo mirando ventajas personales sobre el mercado que del propio territorio afectado. Esta realidad causa en las familias mapuche williche dudas razonables, conflictos de intereses intrafamiliares, incredibilidad, y retoma la idea de intentar explicarse porqué suceden los problemas y dificultades que se instalan en el territorio, interviniendo la convivencia y, aunque sea difícil, plantea nuevos diagnósticos comprensivos, actualizando la situación mapuche williche.


Fotografía: paismapuche.org

La dirigencia mapuche williche, dirigida por presidentes elegidos “democráticamente[6]”, sumado a las autoridades tradicionales (Apo ülmen, Lonko, Machi, Ngempin, werskin, etc.) mantienen y conservan la palabra heredada, aquella vocería que trasciende tiempo y cronología, necesariamente adecuadas a la visión de pueblo. Claves son las interlocuciones cuando litigios y diferencias superan las respuestas que el estado o las autoridades políticas entregan. Son poco conocidas[7]- a nivel local- las demandas de las comunidades mapuche williche, todas asociadas a recuperaciones de espacios territoriales y el control de sus recursos naturales. Ambas materias son tratadas sin la importancia debida, a veces con la ignorancia discriminatoria, apartadas de los fundamentos mapuche (sin tierra no hay mapuche), pudiendo ser observadas en las diferentes acciones legales emprendidas contra el discurso reivindicativo, el cual sigue resistiendo a la injusticia con que son tratadas.

De lo anterior, se evidencian aquellos elementos de distracción que ocupa el Estado y sus gobernantes para contrariar las demandas y derechos mapuche williche, recurriendo generalmente al uso de fuerzas policiales, y estableciendo controles territoriales  que asumen la negación de recursos y financiamientos subsidiarios, asignaciones, proyectos y programas sociales, fórmula que presiona muchas veces a sus dirigentes a mediar y detener movilizaciones, sobre acciones que las propias comunidades mapuche williche deciden como estrategia de oposición. Asimismo, la comunicación social masiva ha sido eficaz en poner en relieve los conflictos y enfrentamientos sin la objetividad requerida, dejando de lado procesos históricos, sociales y culturales que conllevan a hechos noticiosos, aun cuando territorialmente las grandes tierras del sur – futawillimapu- son mínimas las acciones demandantes, lo que ha negado toda posibilidad de conocer y aproximarse a los problemas mapuche williche, que en principio proponen ser escuchados, y luego admitidos como parte de la sociedad chilena, que asume su pluriculturalidad en la medida que constitucionalmente el convenio 169 de la OIT adquiera su implementación y legalidad, es decir, el reconocimiento esperado.

El impacto que sufren las comunidades mapuche williche, supone algunas veces, extrañeza en el territorio, incluso por las propias familias que componen estas comunidades, dejando que el traspaso de información y comunicación fortalezca la estigmatización que lleva a creer que se trataría de grupos o etnia en conflictos, atentados incendiarios, etc.,  siendo comparados a las situaciones que definen partes del territorio mapuche, pero que excede mucho a la identidad mapuche williche.

Con lo anterior, muchas veces tiende a pensarse que los discursos dirigenciales resultan ser totalitarios y uniformes, pero al contrario, estos son diversos, divididos en posiciones que tiene al debate al interior de las familias en las comunidades. En algunas ocasiones las decisiones adoptadas por dirigencias mapuche williche sostienen y comprometen su integridad frente a lo que hoy existe, y plantean un futuro desde la asimilación de propuestas públicas de corto plazo, asumiendo responsabilidad en el desarrollo del territorio, situación que los expone a riesgos, e insospechados resultados. En la actualidad, el escenario social mapuche williche desde el Estado chileno, propone un tipo de desarrollo que resulta oportuno para la superación de carencias sociales y económicas, resolviendo en parte, condiciones mínimas de habitabilidad, trabajo, ingresos, individualizando la comunidad a nivel de familias, integrantes y socios beneficiarios, para poder accionar y distribuir recursos asistenciales.

Agregado a lo anterior, cuando el discurso mapuche williche ha dado esfuerzos por abarcar elementos de mayor profundidad, las decisiones son generalmente evaluadas y cuestionadas en su esencia, por las propias dirigencias comunitarias,  y finalmente por la ciudadanía en general. Los procesos de reivindicación, o de resolución de conflictos, no logra tener una línea de solución, sino varias alternativas que han dividido la búsqueda en favor de la unificación entre las comunidades que conforman el territorio mapuche williche. Las vocerías existentes se multiplican en relación a las demandas, observando que para cada problema existe una comisión, mesa temática, o grupo que levanta uno o varios dirigentes, vinculado a lo específico del problema. Por lo mismo, desde esa división, los problemas han perdido su integración con el origen del problema, o del conflicto mayor, proceso que se esfuerza por no perderse en seductores asistencialismos públicos, o bien, reparaciones y mejoramientos básicos, que ha sido la herramienta funcional del actual modelo político social, sin la eficacia y el compromiso real ante el problema.

Los dirigentes, como interlocutores validados por sus comunidades, responden a los gobiernos de turno con impaciencia, porque los años siguen pasando sin ser escuchados, con avances mínimos en materias legislativas y sobre derechos consuetudinarios, y las exigencias de las propias comunidades se tornan demasiado ingratas y beligerantes. En el proceso de reivindicaciones, generalmente problemáticas, todo acuerdo o convenio no sustituyen esta situación, y lamentablemente supone aumento de las demandas, o bien, tal como el mundo estudiantil, un estado crónico de divergencias que sucumben en el aumento de movilizaciones sociales.

La historia local, que hace su aporte al discurso dirigencial demandante, queda en suspenso, porque no tiene la legitimación total, a pesar de su objetiva claridad, entonces se promueve la reivindicación, ¿desde la rabia?.


[1] Sostenida desde la formación como Estado nación, la cual ha derivado en esfuerzos materializados en interculturalidad que ha permitido participación, pero lejos está de ser decisional, y vinculante a los demás pueblos que integran el Estado chileno.

[2] Mapuche Williche, Mapuche Huilliche, habitante territorio sur, y aunque se debate el espacio físico, es parte de las regiones de Los Ríos y de Los Lagos en Chile.

[3] Ver informe elaborado por Eugenio Alcaman. Memoriales Mapuche-Williches. Territorios Indígenas y Propiedad Particular (1793-1936)

[4] Modo o manera, en cuya similitud observamos grados leves de importancia.

[5] Futawillimapu, Butalmapu, describe a las grandes tierras del sur.

[6] Democracia que puede parecer impropia culturalmente, sin embargo, al revisar la estructura organizacional notaremos elecciones de autoridades basadas por herencias familiares.

[7] Debido a la influencia comunicacional que tiene como focalización el territorio mapuche de la Araucanía.

Tamün srakisuam
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