Aprender la propia lengua, como si fuera la segunda – por Ricardo Casas Tejeda

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Imagen: Atlas interactivo UNESCO de las lenguas del mundo en peligro | Unesco

APRENDER LA PROPIA LENGUA, COMO SI FUERA LA SEGUNDA

por Ricardo Casas Tejeda*

Este artículo tiene el propósito de motivar una discusión en el campo académico, intelectual y político, por lo tanto no se propone establecer una descripción pormenorizada del estado actual de cosas respecto del Tse Sugun, tan solo algunos antecedentes que a mi parecer vale la pena poner sobre la mesa con motivo de la conmemoración del Día Mundial de los Pueblos Indígenas.

El primer antecedente es que el Tse Sugun es una lengua en peligro de extinción, la UNESCO lo ha señalado claramente y está consignado oficialmente en su Atlas Interactivo de las Lenguas en Peligro. Ese antecedente es sistemáticamente ignorado por el Ministerio de Educación y no se le otorga la correspondiente prioridad para revertir esta situación. Reciben mucho más atención las ballenas que circulan por el Golfo del Corcovado, que motivan campañas para su conservación o los glaciares, que motivan incluso la creación de una ficticia “república”, ambos casos convocando a rostros de la televisión, del teatro y del cine para señalar su solidaridad y apoyo. Quizás sería una opción a considerar reclutar a algunos artistas de la cultura y la contracultura para realizar una campaña del tipo “Salvemos al Tse Sugun, la lengua más antigua del territorio de la Butahuillimapu”. El problema es que con el mismo dinero que costaría una campaña como esa podríamos financiar más de 100 talleres en Osorno, Francke, Rahue y en otras comunas como San Juan de la Costa, San Pablo, Puerto Octay, Río Negro y Purranque.

El segundo antecedente es que muchos lingüistas no reconocen al Tse sugun o Chesungun, sino como una “variante dialectal” del Mapudungun o Mapuzungun. Largo sería de enumerar esta discusión, sin embargo entre los mismos lingüistas existe claridad de que en las zonas geográficas que abarcan desde Valdivia a Puerto Montt (prefiero usar referentes geográficos contemporáneos para que la discusión tenga un carácter intercultural) se habló siempre el Tse Tugún, al igual que en el territorio del Alto Bío Bío. Lamentablemente existe una especie de comodidad o “etnocentrismo” de parte de quienes diseñan cursos o manuales para la enseñanza de la lengua “indígena” y en muchas ocasiones se ha distribuído material para enseñar Mapudungun en zonas donde se ha hablado tradicionalmente el Tse Sugun. Eso ha generado resistencias y desconfianzas, divisiones que resultan beneficiosas sólo para quienes desean mantener el el imaginario colectivo aquello del “indio porfiado”. Ya es problemático que no se favorezca la diversidad lingüística en Chile, pero es aún peor que se pretenda negar la diversidad lingüística dentro del Wallmapu o Guajmapu.

Un tercer antecedente es que no existe voluntad de financiamiento, de parte de de ningún gobierno chileno, para recuperar y fortalecer de manera profunda y definitiva las culturas y las lenguas de las naciones originarias en el contexto de la educación formal financiada por el Estado. Al contrario de lo que sí sucede con la enseñanza de segundas lenguas extranjeras como el Inglés, no se destinan recursos para editar libros en Tse Sugun, hablo de libros para el uso de los educadores que se dan a la tarea de enseñar la lengua en las escuelas de la Región de Los Ríos y Los Lagos, pero también me refiero a la traducción de literatura al Tse Sugun. Me parece que la lectura de clásicos de la literatura universal son un desafío para el desarrollo de la lengua en niveles superiores, la traducción de obras literarias de todo tipo, desde manuales técnicos hasta tratados filosóficos son un ejercicio necesario. Escritores y escritoras williche de poesía y narrativa podrían ser perfectamente los encargados de crear una colección de ese tipo, que incluya la traducción de sus propias obras literarias al Tse Sugun. Pero eso cuesta dinero, significa pagarle a esos escritores, pagar las traducciones, pagar la impresión de grandes tirajes, sobre 30.000 ejemplares. Algo como lo que alguna vez hizo la Editorial Quimantú. Lo que sí es realizable, sin costo alguno para el Estado, es la “liberación” en formato electrónico de todas las publicaciones que ha financiado la CONADI y de los documentos que se guardan en el Sistema de Información Territorial Indígena, donde actualmente se encuentran esos documentos. Supongo que el anuncio realizado hace algunos meses sobre la creación de la “Biblioteca Digital de los Pueblos Originarios de Chile para la preservación y difusión del Patrimonio Bibliográfico Indígena” apunta a realizar aquello.

Vistos los antecedentes ya expuestos pienso que una de las pocas posibilidades que tenemos hoy para sobrevivir como nación es aprender el Tse Sugun, hablarlo y heredarlo a nuestros hijos e hijas. Todo de manera autónoma, usando las redes y apoyando a quienes mantienen sitios en internet como Fütawillimapu , lo que significa aportar dinero para el pago del servidor, del dominio web y el archivo documental. Así de simple, una minga para que no se nos vengan abajo los pocos logros que alguno pu peñi ka pu lamuen han alcanzado de manera autónoma y comprometida con nuestra nación Williche. Probablemente al gestor de este sitio no le agrade que pida apoyo en su nombre, pero si acepté escribir algo fue con la condición de que no censure ninguna parte de este texto, del cual soy enteramente responsable.

Lo que señalo es una tarea mucho más dura y cotidiana que salir a marchar, firmar cartas o elevar manifiestos, es tomar nuestra cognición y alterarla de tal forma que nuestra forma de ver el mundo ya no sea nunca más la misma, es aprender nuestra lengua como si fuese una segunda lengua, es realizar una acción directa con la convicción de que el tiempo perdido se puede recuperar si dejamos de esperar que otros hagan por nosotros lo que nos corresponde hacer a nosotros mismos. Les invito a aprender Tse Sugun, dentro de su propia casa, con sus hijos e hijas, con sus parejas. No se si lo lograremos, tampoco si seremos capaces de intentarlo, pero estoy seguro que es lo único que no pueden prohibirnos, aún.


* Ricardo Casas Tejeda es escritor y académico williche. Periodista y Licenciado en Comunicación por la Universidad de Concepción, Magister en comunicación Social por la Universidad de Chile, actualmente es estudiante del Programa de Doctorado en Ciencias Humanas, mención Discurso y Cultura por la Universidad Austral de Chile. Su trabajo literario lo publica fundamentalmente a través de las redes. Actualmente escribe para www.sitiocero.net y además publica en www.ferialibre.blogspot.com y www.lapizenlaoreja.blogspot.com


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