Tratado de las Canoas, la paz generó el sometimiento – Por Srayün Nawel

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Imagen: Pintura que representa el Tratado de Paz de 1793 firmado el 8 de septiembre a orilla del río de Las Canoas (hoy Rahue) | Fütawillimapu

El trascurrir de la historia de la nación mapuche ha sido encaminadas entre las guerras de resistencia, las enemistades entre mapunches y los tratados como el “celebrado” el 08 de Septiembre de 1793 a orillas del Río Las Canoas (Rahue), como lo denomina el documento histórico que se encuentra en el archivo nacional.

La invasión española sometió, mediante este tratado, a algunos Caciques (Logkos, Gulmenes) de la provincia con plaza gubernamental en Valdivia. Hasta la reducción de Rahue llegaron Catrihuala. Iñil, Calfuguir, Ancahuir, Colin, Nagunguir y Pichi Huaiquipan, los últimos en representación del Logko Pailapan de Los Juntos, ausente al encuentro llamado por los Españoles, para firmar la paz sellada en la solicitud  N°1561 (registro real).

Los principios de la paz

Aclaramos que, al momento de la junta en el Chausrakawün (Osorno para los Españoles), el invasor estaba presente en el territorio con un destacamento militar a cargo del comandante Julian Pinuer, militar del imperio que representó los acuerdos junto a su comitiva integrada por curas entre los que estaban Francisco Xavier de Alday (misionero de Dallipulli), Fray Francisco Xavier de Ortiz (comisionado de Rio Bueno); el comisionado de naciones Francisco de Aburto; el Cabo Primero Ramón Flandez, todos ellos resolvieron someter a los Williches y firmar un tratado de “paz” que asegurara el dominio español por instrucción del Gobernador de Valdivia, Coronel Lucas de Molina y Bermudo.

Según se destaca, el principio del tratado establecía “reconvenidos los indios de la superioridad de las armas del rey en la próxima guerra pasada….concediese el perdón y que así era preciso, admitiesen el destacamento y asignaran tierras a los españoles para su establecimiento”, es parte de los lineamientos que los Caciques asistentes debían admitir el 08 de septiembre de 1793.

De acuerdo al documento “los caciques williches acordaron que los españoles se establecieran en sus tierras…tomaran como propias todo el territorio entre el rio Las Canoas y Damas hasta la Cordillera” además los habitantes originarios debían someter sus vidas al servicio de las instituciones españolas auxiliándolos con embarcaciones y guías para los correros del rey, sin causarle demoras y prejuicios.

A rezar de nuevo

Los curas y miembros de la iglesia católica, acompañantes en la empresa imperial española por tierras Williches, también indician con exigencias “las tierras que anteriormente se le había asignado, serian restablecidas para la instalación de las misiones religiosas: con gusto admitirían padres misioneros, para su mansión, cederían tierras independientes de las asignadas para los españoles…obedecerán sus disposiciones y los respetaran”

Los Mapunches – Williches debieron doblar sus rodillas para expresarse, en lo espiritual, bajo los planteamientos del cristianismo y sus obligaciones “entregarán sus hijos menores para el bautismo y en tiempo oportuno para la instrucción cristiana; los solteros se casaran en adelante por la iglesia”, lo anterior se interpreta como medidas que asegurarían al imperio el dominio a perpetuidad.

Según manifiesto histórico escrito en Español, los asistentes simbolizaron el momento enterrando en el campo, por el lado de los españoles un fusil, mientras que los mapuches tuvieron que poner en el lugar, una lanza, una macana, una planta de laurel.

Desunión en las reducciones

Las constantes enemistades surgidas entre los habitantes originarios del territorio Williche, propiciaron la arremetida española que, años antes, había abandonado la ciudad de Osorno destruida por un ataque encabezado por el Toqui Pelantaro.

De manifiesto queda en el documento español que los caciques reunidos en la junta del 08 de septiembre de 1973, habían llegado enemistado, ahí mismo acordaron “la reciproca amistad entre los caciques concurrentes que hasta entonces se habían mirado como enemigos irreconciliables y se estableció entre ellos la paz con múltiples satisfacciones de que resultaron cinco artículos: si algún indio cometiese algún exceso ninguno se opondría a su justo castigo, no se maloquearan ni se robaran unos a otros, si algún cacique o mocetón intentase perturbar la paz lo entregaran a los españoles para que lo castiguen, llegando Queipul se le obligue a mantener estos mismos tratados, que siempre que el señor Gobernador de Valdivia los llame armados, estarán pronto a servirle personalmente con armas y caballos”.


Imagen: Plano de la antigua ciudad de Osorno repoblada de orden de S. M. por el Baron de Ballinary, presidente, governador y capitán general de este Reyno de Chile, año del 1796

Las autoridades políticas ancestrales mapuches, al día siguiente, deciden el día en que entregarían las tierras a los españoles quienes en el afán de asegurar su supremacía recuerdan a los Logkos vencidos, según establece el oficio de la época “De nuestra parte (en adelante los españoles) se le volvió a encargar que nunca más faltaren a los tratados de la junta bajo el supuesto que no habría más perdón si volvían a delinquir como ya se le había dicho el día antecedente”. El día 10 de Septiembre de 1973 Caniu debía entregar en dominio a los padres misioneros otras tierras “cedió para los padres misioneros las tierras llamadas Butalebun cuyos linderos son por el Este el Estero llamado Cuinco, por el Sur el Río de Las Canoas (hoy Río Rahue) y por el Oeste y Norte la montaña”.

Si se van, las tierras se restablecen a sus dueños

En medio de una guerra de exterminio, el documento Español que resolvió en él, un acuerdo propio de un momento histórico de sometimiento que representa los acaecimientos.

En la actualidad, las referencias anteriores, no tienen otro valor que, acciones reivindicativas que puedan surgir entre los descendientes de una nación cuya sabiduría conducen sobrevivencias esperanzadoras en medio de las arrasadas tierras del sur “el padre comisionado Francisco Xavier de Alday dijo al dicho Cacique (Caniu) en presencia de todos que sólo podría recibir y recibía a nombre de Dios y del Rey, el uso y no la propiedad, de las tierras que se le asignaba….Caniu respondió: que desde luego reservaba en si la propiedad de las expresadas tierras como dueño legítimo de ellas y, que si algún acaso faltasen de allí los padres misioneros, entraría a gozarlas él o los herederos que representasen su acción” (lo firmamos en Osorno el 11 de septiembre de 1793. Julian Pinuer. Francisco Xavier de Alday. Francisco Manuel de Ortiz. Francisco Aburto. Ramón Flandez. Manuel Silva. Matías Silva. Agustín Silva. Lorenzo Sánchez. Es copia de su original a que me refiero Valdivia a 25 de septiembre de 1793. Solic N°1561).

Por Srayün Nawel


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