13 de noviembre de 1916: el asesinato de Juan Pailahueque a manos de Edmundo Winkler (Parte I)

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Fotografía: Apo Ülmen Francisco Nailef de Rahue y su lenguaraz Llaitul | Museo Nacional de Historia Natural, Santiago, Chile.

“[…] rogamos con las más justas lágrimas de nuestros ojos a S. E. nuestro digno e ilustre Presidente tomar las más enérgicas medidas para evitar que en adelante estos desvergonzados crímenes que a menudo en nuestras razas vienen ocurriendo y despojos indebidos por manos mezquinas y con audaces premeditaciones, ha hoy ya no por manos españolas ni menos por manos chilenas que fuera siquiera dispensable pero es por manos de alemanes colonos nacionales y despojadores criminales que vergüenza para nuestra república admitir que manos indignas vengan a derramar sangre y quitar vidas de una raza que Chile la conserva como un gran recuerdo de la historia patria…”

José Antonio Pailahueque, Puerto Montt, 17 de noviembre de 1916

La historia de la Fütawillimapu, “las grandes tierras del sur”, está teñida de rojo sangre, humillación e injusticia. Si bien los autores intelectuales y materiales de las injustificables violaciones a los derechos humanos cometidas en contra nuestras familias mapunche lograron eliminar gran parte de las evidencias de sus atrocidades, hoy poco a poco vamos reconstruyendo el tejido ancestral de nuestro pasado.

KIÑE ANTÜ AKUI MIEKE LEUPE  LONKO

El año 2012 se cumplieron los cien años de la tristemente célebre Matanza de Forrahue, herida aún abierta que marca el inicio del fin de un tiempo oscuro que llamaremos el “Tiempo de las Matanzas”. De la información fragmentaria que vamos recopilando, sistematizando y cuestionando, podemos concluir que con la llamada “Colonización Alemana” comienza tempranamente una etapa de constitución de grandes propiedades sobre territorio mapunche, violando los Títulos de Comisario existentes a través de toda una maquinaria fraudulenta de compraventas falsas y sucesivos cambios de propietario, todo esto con el beneplácito de las élites gobernantes en Chile.

Lo anterior fue posible gracias a la prácticamente nula presencia del joven Estado de Chile desde Valdivia al sur a mediados del siglo XIX, frente a lo cual son las misiones católicas y las autoridades locales -o de primera instancia- las que en la práctica llevaban a cabo el régimen colonial chileno en la Fütawillimapu. En este contexto, los recién llegados leupe lonko (nombre dado a los inmigrantes de origen germano) no tardaron en alcanzar un gran poder económico, social y político que les permitió ejercer gran influencia.

Importante destacar que el Estado de Chile tenía conocimiento del origen fraudulento de las grandes propiedades del sur. Citamos como ejemplo la apropiación de casi toda la Füta Kasrü Mawisam (Cordillera de la Costa) por parte de Francisco Cristóbal Kindermann y Juan Renous (1847).


Fotografía: Mocetón (kona) de un Apo Ülmen de Osorno (1863-1864) | Rafael Castro y Ordóñez / Emilio Chaigneau

Se iniciaron entonces algunos juicios para demostrar las irregularidades cometidas en los procesos de privatización de “tierras fiscales” (territorio mapuche), juicios que fueron sobreseídos por los tribunales de justicia. Contrariamente al discurso de le época que afirmaba la existencia de “tierras desocupadas” aptas para la “colonización”, las tierras en las que se constituyeron estas grandes propiedades no estaban deshabitadas: la tenencia y uso era mapunche… y aún lo es.

Frente al escenario descrito podemos concluir que para las élites gobernantes de la época, los fraudes cometidos podían ser tolerados en la medida que la privatización de las “tierras australes” permitía incorporar dichos territorios al Estado e imponer el dominio estatal y la naciente chilenidad sobre la población williche, además de lograr una mejora “racial” y cultural a través de la influencia alemana… Dicho en otras palabras, eliminar el componente mapunche.

Hacia 1870 comienza una segunda oleada de constitución de grandes propiedades sobre territorio mapunche, en particular sobre los territorios de la Cordillera de la Costa, proceso que al año 1900 ya tiene como resultado la consolidación de grandes fundos que conocemos hoy.

Para finalizar este apartado, hacemos notar que la legislación referente a la Colonización Alemana dio todas las facilidades para que los recién llegados tuviesen un buen pasar y lograrán hacer productiva las «despobladas tierras australes»: el 28 de agosto de 1858 se dictó el Reglamento para la Colonia de Llanquihue que estableció la venta de hijuelas para los colonos a un peso por cuadra en terrenos que tenían 12 cuadras por el jefe de familia y 6 cuadras más por cada hijo varón mayor de 10 años. Si bien la legislación hace referencia a una venta de terrenos por parte del Estado, los colonos quedaban exentos de contribuciones territoriales y patentes, tenían libre internación de maquinaria y bienes, tenían una pensión de 15 pesos mensuales por un año, un «diario de dinero» para sus gastos y, además, se les entregaban una yunta de bueyes, una vaca parida, tablas de alerce, clavos, alimentos y semillas.

No obstante las buenas condiciones con las que se establecieron en territorio williche, los leupe lonko no se conformaron con los terrenos asignados y rápidamente comenzaron a expandir sus propiedades. En contraste, los y las mapunche eran expulsados violentamente de sus tierras y se les imponía una vida de miseria.

EL TIEMPO DE LAS MATANZAS

La constitución de la propiedad privada en territorio mapunche, dio paso al proceso expulsión de las müchulla (troncos familiares) y kawün (“comunidades”) de sus tierras ancestrales para que “los dueños” pudiesen hacer uso y goce de sus posesiones materiales.

En la zona del Lelfün Mapu (los llanos o Depresión Intermedia), el proceso de expulsión fue más temprano y más exitoso debido a la imposibilidad de defensa de las familias frente al acciones de matones a sueldo, liderados muchas veces por el mismo “dueño” de la propiedad. Son muy pocas müchulla las que lograron mantenerse en sus espacios de origen, principalmente a través del inquilinaje.

Quienes sobrevivieron a los despojos, buscaron refugio en las zonas cordilleranas, particularmente en la Cordillera de la Costa de las actuales provincias de Osorno y Llanquihue, proceso que conocemos como el “arrinconamiento” de nuestros antiguos a las zonas de menor productividad agrícola. Sin embargo, la Füta Kasrü Mawisam con sus infinitos bosques y cursos de agua ofreció a sus pu peñeñ (hijos e hijas), incluidos los refugiados que escaparon de la muerte, la posibilidad de defenderse de mejor manera de sus perseguidores, quienes son recordados por nuestras tremche y nuestros fücha con el nombre de “los Trizano”.

Las fuentes escritas que dan cuenta de aquellos hechos son escasas y fragmentarias, lo que para nada es una casualidad. Entre 1870 a 1912, tiempo en el que se registran los episodios más sangrientos de la historia de la Fütawillimapu desde la incorporación de este territorio al Estado de Chile en 1820, las notarias, los juzgados los medios escritos están bajo el control directo o la influencia de las principales familias propietarias de los grandes fundos, en su mayoría de origen alemán. En consecuencia, los notarios eran parte o se beneficiaban de las compraventas fraudulentas; la justicia no investigaba los hostigamientos, quemas de hogares, muerte de animales, despojos y asesinatos; y la prensa -salvo raras excepciones- callaba frente a las injusticias y reclamos de quienes sufrían atropello.

La primera fuente escrita -de la que tenemos conocimiento- que hace referencia a este periodo, es el “Manifiesto para explicar al público una solicitud presentada al Excmo. Presidente de la República, señor don Jorge Montt, por todos los caciques del departamento de Osorno” entregado en el invierno de 1894 en Santiago. En dicho documento, conocido como el Memorial de 1894, los Apo Ülmen Juan de Dios Caniupan (San Pablo), Gregorio Trunci (Quilacahuin), José Antonio Cofian (Remehue) y el recientemente electo Juan Antonio Nailef (Rahue), denuncian los atropellos de los que son objeto las familias mapunche con la venia de los funcionarios estatales de Osorno.

En su libro “Memoriales Mapuche-Williches. Territorios indígenas y propiedad particular (1793-1936)”, el peñi Eugenio Alcaman replica textualmente el Memorial de 1894 y una serie de otros memoriales (cartas) de la época que, denunciando casos particulares, permiten concluir la magnitud de los vejámenes y violaciones a los derechos humanos (como los concebimos hoy) cometidos contra nuestros ancestros con el fin de despojarlos de sus tierras.

Emblemático, por su simbolismo, es el lanzamiento de la familia Currieco de la isla Coihueco el 27 de noviembre de 1907: el mismo gerente de la Sociedad Ganadera Rupanco, Francisco Hechenleitner, junto a un grupo de trabajadores sacan a balazos a la familia, destruyen su sruka y asesinan en el proceso a uno de los miembros de la müchulla. Los Currieco eran descendientes directos de Juan Currieco, el conocido «Pichi Juan», quien quemó los milenarios bosques de los alrededores del lago Llanquihue para la instalación de los colonos alemanes, ecocidio ejecutado por orden del Agente de Colonización Vicente Pérez Rosales (ver link). Si bien Pichi Juan tenía la gratitud y aprecio de los recién llegados, aunque los pleitos con Juan Renous lo llevaron a la cárcel, serían sus propios nietos quienes sufrirían el abuso de los leupe lonko en su forma más cruel.

El último hecho de gran magnitud del que sabemos, en cuanto al número de asesinados, y que marca el ocaso del “Tiempo de las Matanzas” es, sin duda, la Matanza de Forrahue. Un  19 de octubre de 1912, al menos 18 mapunche, 6 hombres adultos, un niño de 11 años y 8 mujeres, de las cuales 3 estaban embarazadas, fueron salvajemente asesinados por la fuerza pública en un desalojo judicial en el sector Forrahue, actual comuna de Osorno. En esta ocasión, gracias a que un periodista cubrió los acontecimientos y el número de muertos no se podía ocultar (aún descontando el número indeterminado de cadáveres que se hicieron desaparecer), se generó un gran revuelo en la sociedad osornina y chilena que obligó al Estado a tomar medidas que disminuyesen la brutalidad ejercida para hacer cumplir la ley a los “indios”… para que “impere el Estado de Derecho” como dicen hoy (ver link 1 y link 2).


Imagen: Bala encontrada tras la Matanza de Forrahue | J. V. S.

Si bien, la Matanza de Forrahue marca el fin de un periodo sumamente sangriento, los leupe lonko y la fuerza pública continuaron actuando en base al odio, el racismo y la violencia, infundiendo el terror entre las familias mapunche. Sin embargo, tras los sucesos de Forrahue se puede observar que los violentos despojos y hostigamientos ya no concluyen con una gran cantidad de muertes, quizás porque los leupe lonko trataron de evitar comparecer frente a los tribunales de justicia por asesinato y no les convenía ver sus nombres en la “crónica roja” de la prensa. De esta nueva situación probablemente se derivaron un número indeterminado de asesinatos por “encargo” bajo la figura de pleitos entre familias mapunche o riñas entre «indios alcoholizados».

Con el tiempo las müchulla se organizaron, comenzaron a perder el miedo y reaccionaron frente a los despojos a través de procesos judiciales basados en la débil legislación “proteccionista” de la época y a través de la recuperación de hecho de sus tierras usurpadas, llegando en la década de 1950 a enfrentarse a balazos con la fuerza pública y los grupos de matones que intentaban despojarlos. Por su parte, los Apo Ülmen comienzan a reunirse más seguido para la elaboración de los memoriales, documentos más cada vez más maduros y visionarios, conformando un frente político de la defensa territorial.

A partir de las década de 1910, por su parte, comienzan a surgir «modernas» organizaciones mapunche de un carácter y funcionamiento de tipo occidental, coincidente en ocasiones con los objetivos de la orgánica de los Apo Ülmen y muchas veces en contraposición directa. Por un lado, organizaciones del pikunmapu, como la Sociedad Caupolicán, la Sociedad Mapuche de Protección Mútua de Loncoche o la Federación Araucana, establecieron vínculos con el territorio williche frente a hechos de sangre o discusiones legislativas. También surgen organizaciones propias williche como la Federación de Indios de Futahuillimapu (1936) que entró a la disputa por la representatividad mapunche con los Apo Ülmen, lo que demuestra que las disputas políticas en este ámbito no es algo reciente en la Fütawillimapu.

Como hemos señalado, la violencia y el terror infundido contra familias mapunche no se detuvo con la Matanza de Forrahue. Entre los casos posteriores a este suceso destacamos la “Matanza de los Canquiles” (1º de enero de 1941) en el Fundo Curaco, cerca de Quilacahuín y el asesinato de Juan Pailahueque a manos de Edmundo Winkler, el 13 de noviembre de 1916.

Por Salvador Rumian C.
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